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CÓMO SUPRIMIR LAS PREOCUPACIONES / DALE CARNEGIE/ EDITORIAL ELIPSE
Lo principal para nosotros no es ver lo que apenas se vislumbra allá a lo lejos,
sino hacer lo que tenemos claramente a nuestro alcance.
El despilfarro de energía, la angustia mental y las dolencias nerviosas
siguen los pasos de aquel que siente ansiedad por el futuro.

La principal diferencia entre un modo de pensar bueno y un modo de pensar malo es ésta:
el bueno examina las causas y efectos y lleva a trazar planes lógicos y constructivos;
el malo conduce con frecuencia a la tensión y a la depresión nerviosa.

Imagine que su vida es como un reloj de arena.
Sabe que hay miles de granos de arena en la parte de arriba del reloj
y que todos pasan de forma lenta y regular por el estrecho cuello central.
Nada que usted o yo hiciéramos conseguiría que más de un grano a la vez
pasara a través de ese cuello sin dañar el reloj.
Usted, yo y todo el mundo, somos como relojes de arena.
Cuando empezamos la jornada, hay cientos de tareas que pensamos
que debemos realizar durante el día pero, si no las tomamos de una en una
y dejamos que pasen por el día de forma lenta y regular,
como los granos de arena pasan por el estrecho cuello del reloj,
entonces indefectiblemente destruiremos nuestra estructura mental o física.
Todos tendemos a posponer la vida.
Hoy es nuestra más preciada posesión.




LA JOIE DE VIVRE
El setenta por ciento de los pacientes que acuden al médico
podrían curarse por sí mismos
con sólo librarse de sus temores o preocupaciones.
Platón decía que el mayor error que cometen los médicos
es que intentan curar el cuerpo sin intentar curar la mente,
y sin embargo, la mente y el cuerpo son uno y no han de ser tratados por separado.
La ciencia médica necesitó dos mil trescientos años para reconocer esta gran verdad.
La preocupación nos hace apretar las mandíbulas, fruncir el ceño permanentemente
y puede arruinar nuestra tez y causar todo tipo de erupciones, sarpullidos…etc
Si usted y yo nos mantenemos ocupados, si nos sentamos y nos obsesionamos,
engendraremos una multitud de lo que Charles Darwin
llamaba los “Webber gibbers” que no son más que nuestros viejos duendes
que nos dejan vacíos y destruyen nuestro poder de acción y nuestra fuerza de voluntad.
¡No se preocupe en pensar sobre ello! Arremánguese y ponga manos a la obra.
La sangre le empezará a circular, el cerebro le empezará a funcionar y muy pronto todo
ese positivo aumento de vida en su cuerpo expulsará a la preocupación de su cabeza.
Ocúpese. Manténgase ocupado.
Es la medicina más barata que hay en el mundo, y una de las mejores.
Casi todas nuestras preocupaciones proceden de nuestra imaginación y no de la realidad.
Nuestra actitud mental tiene un profundo efecto sobre nuestros poderes físicos.
Ahora mis pensamientos trabajan en mi favor y no en contra mía.
Nuestra paz interior y nuestra alegría dependen,
no de dónde estamos, sino únicamente de nuestra actitud mental.
Luchemos por nuestra felicidad siguiendo un programa diario de pensamientos animosos y constructivos.
Lo escribió Sibyl F. Partridge.
Si usted y yo lo seguimos, eliminaremos la mayoría de nuestras preocupaciones
y aumentaremos de modo inconmensurable nuestra porción de lo que los franceses llaman
“la joie de vivre”.




SÓLO POR HOY
1- Sólo por hoy seré feliz.
2- Sólo por hoy trataré de ajustarme a lo que es,
en lugar de tratar de ajustar todas las cosas a mis propios deseos.
3- Sólo por hoy cuidaré mi cuerpo. Lo ejercitaré, lo atenderé,
lo nutriré, no abusaré de el ni lo descuidaré,
para que sea una máquina perfecta que responda a lo que le pida.
4- Sólo por hoy, trataré de fortalecer mi mente. Aprenderé algo útil.
Leeré algo que requiera esfuerzo, reflexión y concentración.
5- Sólo por hoy, ejercitaré mi alma de tres maneras.
Haré algún bien a alguien sin que él lo sepa.
Haré por lo menos dos cosas que no me apetece hacer, sólo como ejercicio.
6- Sólo por hoy seré agradable.
Tendré el mejor aspecto que pueda,
me vestiré con la ropa que me siento mejor posible,
hablaré en voz baja, me mostraré cortés, no criticaré a nadie,
no encontraré defectos en nada.
7- Sólo por hoy trataré de vivir únicamente este día,
sin abordar todo el problema de mi vida a la vez.
Durante 12 horas puedo hacer cosas que me abrumarían si tuviera
que seguir haciéndolas toda la vida.
8- Sólo por hoy tendré un programa.
Anotaré lo que espero hacer cada hora.
Puede que no lo siga al pie de la letra pero lo tendré.
Eliminaré dos plagas: el apresuramiento y la indecisión.
9- Sólo por hoy tendré media hora tranquila para mí mismo y descansaré.
10- Sólo por hoy no tendré miedo, especialmente no tendré miedo de ser feliz,
de gozar de lo que es hermoso, de amar y de creer que aquellos que amo me aman.

Pensemos y actuemos con alegría y nos sentiremos alegres.
Aproximadamente un noventa por ciento de las cosas que hay en nuestras vidas
están bien y un diez por ciento, mal.
Si queremos ser felices, lo único que debemos
hacer es concentrarnos en el noventa por ciento
que está bien y dejar de lado el diez por ciento que está mal.




CÓMODA MELANCOLÍA
El doctor Alfred Adler solía decir a sus pacientes afectados de melancolía:
“Usted puede curarse en catorce días si sigue esta prescripción:
Procure pensar cada día de qué manera puede complacer a alguien”.
Fíjense en lo que esto significa para ellos. Están ocupados pensando:
¿Cómo puedo fastidiar a alguien? Las respuestas son muy interesantes.
Algunos dicen: “Eso será muy fácil para mí. Es lo que he hecho toda mi vida”.
Nunca lo han hecho. Les pido que piensen en ello. No lo hacen.
Les digo: “Puede utilizar todo el tiempo que pasa cuando no consigue dormir
pensando cómo puede complacer a alguien y ése será un gran paso
hacia delante para su salud”.
Cuando los veo al día siguiente, les pregunto: “Ha pensado en lo que le sugerí?”.
Y contestan: “Anoche me quedé dormido en cuanto me metí en la cama.
Por supuesto, todo estoy hay que hacerlo de una manera cordial,
sencilla, sin el menor asomo de superioridad.
Otros responden: “No podría hacerlo nunca.
Estoy demasiado preocupado”.
Yo les digo: “No deje de preocuparse,
pero al mismo tiempo puede pensar de vez en cuando en otras personas”.
Quiero dirigir su interés hacia su prójimo.
Muchos dicen: ¿”Por qué he de complacer a los demás?
Los demás no tratan de complacerme a mí”.
Yo contesto: “Debe usted pensar en su salud.
Los otros ya sufrirán después”.
Es muy raro encontrar un paciente que me diga: “He pensado en lo que me sugirió”.
Todos mis esfuerzos se encaminan a aumentar el interés social del paciente.
Sé que la verdadera razón de su enfermedad es su falta de cooperación
y quiero que él lo vea también.
En cuanto pueda relacionarse con sus semejantes en términos de igualdad,
estará curado.
El individuo que no está interesado en su prójimo es quien tiene mayores
dificultades en la vida y quien hace más daño a los demás.
En su libro titulado: “Lo que la vida debería significar para usted”
hace algunas declaraciones como ésta:
“Generalmente el paciente replica: Pero no hay nada que me guste hacer.
Me he preparado para esta respuesta porque la he oído muchas veces:
“Entonces absténgase de hacer todo lo que le desagrade”, digo.
No obstante, a veces, me responden: “Me gustaría estar todo el día en la cama”.
Sé que si les permito hacerlo, ya no les gustará.
Sé que, si se lo impido, empezarán las hostilidades. Siempre accedo.




PARA SER EL MEJOR VENDEDOR
Conozco a un vendedor de jabón que llegó a pedir que le criticaran.
Cuando empezó a trabajar para Colgate, los pedidos llegaban lentamente.
Temía perder el empleo.
Como sabía que no había nada malo ni en el jabón ni en el precio,
se dijo que el fallo estaba en él.
Cuando fracasaba en una venta, solía irse a dar una vuelta a la manzana
intentando dilucidar dónde estaba el error.
¿Había resultado demasiado vago? ¿Le había faltado entusiasmo?
A veces, volvía a entrar y le decía al comerciante:
“No he vuelto para intentar venderle jabón.
He vuelto en busca de consejo y de su crítica.
¿Querría decirme que hice mal cuando intenté venderle jabón hace unos minutos?
Usted tiene más experiencia y más éxito que yo.
Le ruego que me critique. Sea franco. No suavice los golpes”.
Esta actitud le ganó un montón de amigos y valiosísimos consejos.
¿Qué suponen que le sucedió? Llegó a ser presidente de la Colgate-Palmolive-
Peet Soap Company, los mayores fabricantes de jabón del mundo. Se llama E. H. Little.

EL DESCANSO
En su excelente libro ¿Por qué cansarse? Daniel W. Josselyn observa:
“Descansar no es una cuestión de no hacer absolutamente nada. Descansar es reparar”.
Nos cansamos porque nuestras emociones producen tensiones nerviosas en el cuerpo.
Recuerde que un músculo tenso es un músculo que trabaja.
¡Afloje la tensión! Ahorre energía para los deberes importantes.
Deténgase ahora, en este mismo instante, y examínese.
Mientras lee estas líneas, ¿mira el libro con el ceño fruncido?
¿Siente tensión entre los ojos? ¿Esta sentado relajado en la silla?
¿O está encorvado? ¿Tiene los músculos de la cara tensos?
A menos que todo su cuerpo esté tan fláccido y relajado
como si fuera una muñeca de trapo,
en este momento está produciendo tensiones nerviosas y tensiones musculares.
¿Por qué producimos estas tensiones innecesarias al realizar un trabajo mental?
Daniel dice: “Creo que el principal obstáculo es el casi universal
convencimiento de que el trabajo duro requiere una sensación de esfuerzo
para estar bien hecho”.
Ésa es la razón de que frunzamos el ceño cuando nos concentramos,
de que echemos los hombros hacia delante.
Pedimos a nuestros músculos que realicen los movimientos del esfuerzo,
algo que no ayuda en nada al trabajo del cerebro.
¿Cuál es la solución para esa fatiga nerviosa? ¡Relajarse!
¿Fácil? No. Probablemente tendrá que invertir las costumbres de toda una vida.
¡Pero el esfuerzo vale la pena porque puede revolucionar su vida!
En su ensayo, “El evangelio del descanso” William James decía:
“La tensión excesiva, el nerviosismo, la falta de aliento,
la intensidad y la angustia de la expresión de la gente de este país
…son malos hábitos, ni más ni menos.
La tensión es un hábito. Relajarse es un hábito.
Y podemos librarnos de un hábito malo y podemos cultivar hábitos buenos.
¿Cómo se relaja? ¿Empieza con la mente o empieza con los nervios?
No empieza con ninguna de las dos cosas. ¡Siempre empieza a relajarse con los músculos!
Hagamos la prueba. Para mostrar cómo se hace, supongamos que empezamos con los ojos.
Lea este párrafo y, cuando haya llegado al final,
inclínese hacia atrás, cierre los ojos y dígales en silencio: “Dejad ir.
Dejad ir. Basta de tensión. Basta de fruncir el ceño.
Deja ir. Dejad ir”. Repítalo una y otra vez, lentamente, durante un minuto.
¿No ha observado que al cabo de unos segundos los músculos de los ojos comenzaban a obedecerle?
¿No sintió como si una mano barriera la tensión?
Bien, por increíble que parezca, usted ha probado en ese único minuto la clave
y el secreto completos del arte de la relajación.
Puede hacer lo mismo con la mandíbula, los músculos del rostro,
el cuello, los hombros y todo el cuerpo.
Pero el órgano más importante es el ojo.
El doctor Edmund Jacobson, de la Universidad de Chicago,
ha llegado a decir que si uno es capaz de relajar
completamente los músculos de los ojos,
podrá también olvidarse de todas sus zozobras.
La razón de que los ojos sean tan importantes
para aliviar la tensión nerviosa es que queman
una cuarta parte de todas las energías nerviosas consumidas por el cuerpo.
Ése es también por otra parte, el motivo de que muchas personas
con una visión perfecta sufran de “vista cansada”.
Es que están sometiendo sus ojos a tensión.
Vicki Baum, la famosa novelista, dice que cuando era niña,
conoció a un anciano que le enseñó una de las lecciones más importantes de su vida.
Vicki Baum se cayó, se hirió las rodillas y se lastimó una muñeca.
El anciano la levantó del suelo, en un tiempo había sido payaso de circo y,
mientras la limpiaba, le dijo:
“La razón de que te hayas hecho daño es que no sabes relajarte.
Tienes que parecerte a un calcetín,
ser tan blanda y flexible como un calcetín viejo.
Ven, te enseñaré cómo se hace”.
Y el anciano le enseñó como caerse, cómo dar volteretas hacia atrás y cómo dar saltos mortales.
Y siempre insistía: ¡Piensa en ti como si fueras un calcetín viejo.
Entonces, no tendrás más remedio que relajarte!
Es posible relajarse en los ratos libres,
casi en cualquier sitio que estemos.
Pero no hay que hacer esfuerzos para relajarse.
La relajación es la ausencia de toda tensión y esfuerzo.
Hay que pensar en descansar y relajarse.




CÓMO DESCANSAR
1- Relájese a ratos perdidos.
Deje que su cuerpo quede tan fláccido como un viejo calcetín.
Tengo un viejo calcetín de color marrón sobre mi escritorio mientras trabajo,
como recordatorio de lo relajado que debería de estar.
Si no tiene un calcetín, un gato servirá.
¿Ha cogido alguna vez a un gatito que haya estado tomando el sol?
Los dos extremos del cuerpo cuelgan como un periódico mojado.
Incluso los yoguis de la India dicen que si se quiere dominar el arte de la relajación,
hay que estudiar al gato.
Yo nunca he visto un gato cansado,
un gato con depresión o un gato con insomnio o úlceras de estómago.
2- Trabaje en la medida de lo posible, en una posición cómoda.
3- Obsérvese cuatro o cinco veces al día y vuelva a relajarse.
4- Examínese de nuevo al final de la jornada.
Raramente nos cansamos cuando estamos haciendo algo interesante y atractivo.
Allí donde esté tu interés, estará también tu energía.
El primer requisito para un buen sueño nocturno es una sensación de seguridad.
Necesitamos sentir que algún poder superior a nosotros
nos cuidará hasta la mañana.



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