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EL ARTE DE LO POSIBLE/ BENJAMIN ZANDER/ EDICIONES PAIDOS



Muchas de las circunstancias que lastran nuestra vida cotidiana tienen su origen
en ciertos marcos de pensamiento, si supiéramos fijar unos parámetros distintos,
abrirán ante nosotros nuevos caminos.
Bastará pues con hallar el marco adecuado y, de ese modo,
los hallazgos más extraordinarios pasarán a formar parte de nuestro devenir cotidiano.
Herramientas que reformulen sus circunstancias personales,
permitiéndoles alcanzar estados de satisfacción que nunca imaginaron.
Compartimos la creencia de que es posible
lograr mucho más de lo que generalmente pensamos.

Un fabricante de zapatos envía a dos de sus representantes
a una región africana para efectuar una prospección de mercado
con miras a ampliar el negocio.
Uno de ellos manda un telegrama con el mensaje:
“Inútil. Stop. Aquí todo el mundo anda descalzo”.
El otro, triunfante, avisa de lo siguiente: “Oportunidad fantástica.
Stop. Nadie tiene zapatos”.




Un pasajero reconoció a Pablo Picasso en un tren y preguntó al artista
por qué no pintaba a las personas “tal y como son de verdad”.
Picasso quiso saber qué quería su interlocutor con aquellas palabras.
El hombre abrió su cartera, sacó una foto de su esposa y le dijo:
“Mire, es mi mujer”, a lo cual Picasso comentó: “Es pequeña y lisa, ¿no?

Cada problema, cada dilema, cada callejón sin salida que encontramos
en nuestra existencia, parece irresoluble cuando está inscrito
en un marco determinado, cuando se percibe desde un punto
de vista específico. Ampliando el marco, o creando un nuevo
conjunto de hipótesis alrededor de los datos,
los problemas se desvanecerán, a medida que un nuevo abanico
de posibilidades se despliega ante nuestros ojos.

¿Qué podría inventar ahora,
que todavía no he hecho,
que me diera otras opciones?

El lenguaje crea categorías de significados que nos abren nuevos horizontes.

En general, es más probable que los recursos estén a su alcance
en grandes cantidades cuando usted a su vez se muestre generoso,
sin dejar a nadie a un lado, y motive a los demás
transmitiéndoles su pasión por la vida.
Olvide la predisposición fatalista y pásese a la optimista.

Y cuando alguien le pregunte: ¿Qué tal estás?,
le asaltará la idea de que es totalmente ridículo intentar
explicar su estado, o expresar su vida en términos de lucha y de carga
y antes de que se de cuenta, la fórmula: “De maravilla, gracias”,
saldrá fácilmente de sus labios.
Y en ese momento se sorprenderá esbozando una sonrisa;
porque habrá logrado entrar en el universo de lo posible.
Aunque claro, aún no habrá llegado.




Miguel ángel aseguraba que dentro de cada bloque de mármol
habita una bella escultura, y sólo se precisa eliminar
el material sobrante para que se revele el arte en su interior.

Quizás alguna vez estemos en desacuerdo con una persona,
y en consecuencia la valoremos negativamente para siempre,
sin querer escuchar nunca más lo que tiene que decir.
Cada vez que modificamos esa nota, nuestra nueva valoración,
como cada, define los límites de lo que es posible
en nuestra relación con el otro.

Los milagros son posibles cuando se dejan de lado
los supuestos limitadores acerca de los intereses y
la capacidad de comprensión de los niños,
sin aplicar expectativas de ningún clase.

Cuando nos ponemos una “A” no estamos fanfarroneando,
ni aumentando nuestra autoestima;
tampoco tiene nada que ver con recitar una interminable
lista de logros y éxitos.
“Ponerse un a “A” sin condiciones significa abandonar
el concepto de escalafón que opone éxito y fracaso
en el mundo de las medidas, para adentrarse en el universo de lo posible.
Es un nuevo marco mental que le permite ser y percibir todo lo que usted es,
sin forzarse a luchar consigo mismo o a negar ninguna faceta de su personalidad.

Las cosas funcionan así.
Cuando decidimos “ponerle una A” a alguien,
somos capaces de ver aquello que se nos ocultaba detrás de un velo.

Cuántas veces habremos escuchado,
de labios de alguien apenado y bienintencionado,
que las personas no cambian, aunque la mayoría de nosotros
lo seguimos intentando. Esta afirmación es cierta, claro está,
en el mundo de las medidas, donde las personas y las cosas
están talladas en piedra, pero no así en el universo de lo posible.
Las personas están cambiando ahora, en este mismo momento.
Tal vez se pregunte usted qué o quién está cambiando.
La respuesta es “la relación”. Pues en el terreno de lo posible,
todo se desarrolla en ese contexto.




Nos esforzamos tanto para descubrir “mensajes específicos”
que no nos damos cuenta de que los tenemos a nuestro alrededor
e incluso dentro de nosotros mismos, a nuestro alcance.
Simplemente debemos acostumbrarnos a no exigir que se ajusten
sólo a nuestros términos y condiciones, sino que debemos abrir
nuestras mentes para poder reconocer aquello que tal vez
tengamos delante sin saberlo.

A menudo la persona que habla a favor de lo posible es tildada
de soñadora y su actitud menospreciada, se compara al cliché
de ver el vaso “medio lleno” en lugar de “medio vacío”.
El pesimista se equipara al realismo y el optimista
más bien a todo lo contrario.
A nuestro parecer, esto es erróneo.
Quien insiste en verlo todo “medio vacío” es, precisamente,
quien se aferra a una ficción carente de fundamentos
porque los términos vacío, falto de, y muro son abstracciones
de la mente y medio lleno es una medida de realidad física.
La persona denominada optimista es, justamente,
la que atiende a lo real, porque se refiere a la sustancia que,
en efecto, está contenida en el vaso.

Se dice que cuando Nelson Mandela citó el siguiente poema
de Marianne Williamsom, se estaba dirigiendo al mundo entero:
Nuestro mayor temor no es ser inadecuados,
sino que nuestro poder sea desmesurado.
Es nuestra luz, no nuestras tinieblas, lo que nos asusta.
Nos preguntamos por qué somos brillantes, bellos, inteligentes y fabulosos.
¿Por qué no debería ser así?

Somos hijos de Dios.
Hacernos los humildes no sirve de nada.
No es de sabios pasar desapercibidos
para que los demás no se sientan inseguros.
Nacimos para manifestar la gloria de Dios
que todos, sin excepción, llevamos dentro.
Y cuando permitimos que brille nuestra luz,
estamos, sin darnos cuenta, haciendo brillar a otros.


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