ESCRIBIRSE/ DUCCIO DEMETRIO/ EDICIONES PAIDÓS

La autobiografía como curación de uno mismo.
Cuando repensamos lo que hemos vivido, creamos otro yo.
Lo vemos actuar, equivocarse, amar, sufrir, disfrutar, mentir,
enfermar y gozar: nos desdoblamos, nos multiplicamos
y nos situamos en dos lugares al mismo tiempo.
Asistimos como espectadores al espectáculo de nuestra vida.
La escritura es una medicina para el alma.
¿Cuántas cosas maravillosas olvidamos con el paso del tiempo?
Se debe empezar a perder la memoria, aunque sólo sea fragmentos de recuerdos,
para entender que en ella consiste nuestra vida.
Sin memoria la vida no es vida.
Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón,
nuestro sentimiento, incluso nuestra acción.
Oliver Sacks
Ponerse a escribir es tomarse de las manos
y entrar en un tiempo absolutamente privado.
E. Lledó encuentra el origen de esta idea en el Fedro de Platón.
A la dependencia de todo aquello que viene de fuera (exozen)
se opone el ejercicio del endozen, creado por ese espacio interior,
baluarte contra la fugacidad de las sensaciones y de los discursos que se disipan.
La interioridad, desde el momento en que se construye gracias a los recuerdos,
es la autora de nuevas vidas.
Un gran narrador ruso, Israel Metter, afirmó en su autobiografia:
“Los recuerdos son como huevos de pájaro en el nido,
el alma los calienta durante largos años y de repente,
rompen su cáscara sin orden alguno”.
Paul Fraisse ha dicho que:
“es necesario haber sido capaces de nombrar las cosas,
las personas y los sentimientos para que éstos
puedan pertenecer a nuestros recuerdos”.
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