FLUIR/ MIHALY CSIKSZENTMIHALYI / EDITORIAL KAIRÓS


Al adiestrar nuestras habilidades, al enfrentarnos a desafíos superiores nos convertimos cada vez más, en personas extraordinarias.
“Fluir” es la manera en que la gente describe su estado mental cuando la conciencia está ordenada armoniosamente;
gente que desea dedicarse a lo que hace por lo que le satisface en sí.
Es cómo las personas responden a las tensiones lo que determina si van a sacar provecho de su mala fortuna o van a sentirse fatal.
Nuestro conocimiento científico ha llegado a esta conclusión, estamos a punto de ser capaces de estimar cuánta información
puede procesar el sistema nervioso central. Parece que podemos manejar como máximo siete señales informativas
(tales como sonidos distintos, estímulos visuales o cambios reconocibles de emoción o de pensamiento) en cualquier instante determinado; el tiempo más corto que tenemos para discriminar entre un grupo de señales y el siguiente es de 1/18 de segundo.
LA ATENCIÓN
Los marineros tradicionales de la Melanesia pueden ser llevados con los ojos cerrados a cualquier punto del océano
dentro de un radio de varios cientos de kilómetros lejos de su isla y, si se les deja flotando en el agua durante unos minutos,
son capaces de saber dónde se hallan por las corrientes que sienten con su cuerpo.
EL DISFRUTE Y LA CALIDAD DE VIDA
Hay dos estrategias principales que podemos adoptar para mejorar la calidad de vida.
La primera es intentar que las condiciones externas estén de acuerdo con nuestras metas.
La segunda es cambiar nuestra experiencia de las condiciones externas para adaptarlas a nuestras metas.
La calidad de vida no depende directamente de lo que los demás piensen de nosotros o de lo que poseamos.
Más bien depende de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con lo que nos sucede.
Para mejorar la vida hay que mejorar la calidad de la experiencia.
Los sucesos capaces de hacernos disfrutar ocurren cuando una persona no solamente ha cumplido
alguna expectativa anterior o satisfizo una necesidad o un deseo, sino también cuando ha ido más allá,
de lo que él o ella se habían programado hacer y logran algo inesperado, tal vez algo que nunca habían imaginado.
Los desafíos de la competición pueden estimular y agradar.
Pero cuando vencer al adversario tiene prioridad en la mente sobre hacerlo lo mejor posible, el disfrute tiende a desaparecer.
La competición sólo es agradable, cuando es un medio para perfeccionar las propias habilidades;
cuando llega a ser un fin en sí misma, deja de ser divertida.
CUANDO FLUYES
Te sientes totalmente concentrada. La mente no divaga, no piensas en otras cosas; estás totalmente involucrada en lo que haces.
“Te involucras tanto en lo que haces que no piensas en ti mismo como algo separado de la actividad que haces.
Eres lo que estás haciendo”.
“Son unos momentos en los que pierdo el contacto con el resto del mundo, estoy totalmente absorbida por lo que estoy haciendo”.
“La concentración es como respirar: nunca se piensa en ello. El techo podría caerse y, si no le cayese justo encima,
usted no se daría ni cuenta”.
“El baile es como una terapia. Si algo me preocupa, lo dejo fuera en la puerta al entrar en el estudio de baile”.
COMPETICIÓN
Las raíces de la palabra “competición” vienen del latín com petire, que significa “buscar juntos”.
Lo que cada persona busca es hacer efectivo su potencial, y esta tarea se realiza más fácilmente
cuando los demás nos fuerzan a hacerlo lo mejor que podamos.
Unhedonia: carencia de placer.
SOBRE EL YOGA
El texto básico del Yoga, recogido por Pantañjali hace mil quinientos años, prescribe ocho etapas de incremento en las habilidades.
Las primeras dos etapas de “preparación ética” se destinan a cambiar las actitudes de la persona.
Podríamos decir que tratan de “enderezar la conciencia”, intentan reducir la entropía psíquica.
En la práctica, el primer paso, YAMA, requiere que uno consiga la “limitación” de los actos
y de los pensamientos que pueden dañar a otros; la falsedad, el robo, la lujuria y la avaricia.
El segundo paso NIYAMA, implica “obediencia”, o sea seguir las normas y el orden en la limpieza,
el estudio y la obediencia a Dios, todo lo que ayuda a canalizar la atención en modelos predecibles
y que, por lo tanto, haga que la atención sea más fácil de controlar.
Las próximas dos etapas atañen a la preparación física, o el desarrollo de hábitos que permitirán al practicante
–o yogin- vencer las demandas de los sentidos y permitir concentrarse sin sentirse cansado o distraído.
La tercera etapa consiste en practicar las diversas ASANAS, maneras de “sentarse” o de mantener posturas
durante largos períodos sin sucumbir a la tensión o a la fatiga.
Esta es la etapa de yoga que todos conocemos en Occidente, ejemplificada por una persona que parece llevar pañales
y que se mantiene en equilibrio sobre su cabeza con sus piernas detrás del cuello. La cuarta etapa es PRANAYAMA,
o el control de la respiración, que se dirige a relajar el cuerpo y estabilizar el ritmo de la respiración.
La quinta etapa, el punto de inflexión entre los ejercicios preparatorios y la práctica auténtica del yoga,
se llama PRATYAHARA (el retraimiento). Implica aprender a retirar la atención de los objetos externos controlando
la entrada de los sentidos, llegando así a ser capaz de ver, oír y sentir únicamente lo que uno desea admitir en la conciencia.
DHARANA o “sostener”, es la capacidad para concentrarse durante períodos largos sobre un estímulo único, de modo que es la imagen
especular de la etapa anterior de PRATYAHARA; primero uno aprende a mantener las cosas fuera de la mente, y luego una aprende
a mantenerlas dentro. La meditación intensa, o DHYANA, es el paso siguiente. Aquí uno aprende a olvidarse de la personalidad
en una concentración continua que ya no necesita de los estímulos externos de la fase anterior. Finalmente el yogin puede lograr
el “samandhi”, la última etapa del “recogimiento de la personalidad”, cuando el meditador y el objeto de la meditación llegan
a ser uno solo. Quienes lo han logrado describen el “samandhi” como la experiencia más alegre de sus vidas.
NUNCA ES TARDE
Muchos empresarios con éxito deciden aprender a tocar el piano después de los cincuenta años.
LAS REGLAS DE LOS JUEGOS MENTALES
Demócrito tenía un carácter alegre y para él “el más alto bien, que llamaba alegría, y frecuentemente confianza,
es una mente desprovista de temor”. Disfrutó de la vida porque había aprendido a controlar su conciencia.
Frecuentemente pensamos que los filósofos son “despistados”, lo que, por supuesto, no significa que sus mentes
se hayan perdido, sino que se han alejado temporalmente de la realidad cotidiana para morar entre las formas simbólicas
de su dominio favorito de conocimientos.
Cuando Kant, supuestamente, puso su reloj en una olla de agua hirviendo mientras tenía en su mano un huevo
para saber cuánto tiempo tardaba en cocerse, toda su energía psíquica se empleó probablemente en traer armonía
a los pensamientos abstractos y no dejó atención libre para tratar con las demandas incidentales del mundo concreto.
AFICIONADOS Y PROFESIONALES
Amateur y diletante.
Hoy en día estas etiquetas son ligeramente despreciativas. Un amateur o un diletante es alguien no lo bastante diestro,
una persona que no debe ser tomada muy seriamente, alguien cuyo rendimiento no alcanza las normas profesionales.
Pero originalmente, “amateur”, proviene del verbo latino amare “amar” y se refiere a una persona que ama lo que hace.
De forma parecida “diletante”, del latino delectare, significa “encontrar delicia en”, era alguien que disfrutaba realizando
una actividad determinada. Los significados más antiguos de estas palabras, por lo tanto, atendían a las experiencias en lugar
de a las realizaciones; describían las gratificaciones subjetivas que obtenían los individuos al hacer las cosas, en vez de puntuar
lo bien o mal que las realizaban.
Francis Bacon comentó, citando un discurso del filósofo estoico Séneca:
“las cosas buenas que provienen de la prosperidad deben ser deseadas,
pero las cosas buenas que provienen de la adversidad deben ser admiradas”.
Comprar libro

gente que desea dedicarse a lo que hace por lo que le satisface en sí.
Es cómo las personas responden a las tensiones lo que determina si van a sacar provecho de su mala fortuna o van a sentirse fatal.
Nuestro conocimiento científico ha llegado a esta conclusión, estamos a punto de ser capaces de estimar cuánta información
puede procesar el sistema nervioso central. Parece que podemos manejar como máximo siete señales informativas
(tales como sonidos distintos, estímulos visuales o cambios reconocibles de emoción o de pensamiento) en cualquier instante determinado; el tiempo más corto que tenemos para discriminar entre un grupo de señales y el siguiente es de 1/18 de segundo.
LA ATENCIÓN
Los marineros tradicionales de la Melanesia pueden ser llevados con los ojos cerrados a cualquier punto del océano
dentro de un radio de varios cientos de kilómetros lejos de su isla y, si se les deja flotando en el agua durante unos minutos,
son capaces de saber dónde se hallan por las corrientes que sienten con su cuerpo.
EL DISFRUTE Y LA CALIDAD DE VIDA
Hay dos estrategias principales que podemos adoptar para mejorar la calidad de vida.
La primera es intentar que las condiciones externas estén de acuerdo con nuestras metas.
La segunda es cambiar nuestra experiencia de las condiciones externas para adaptarlas a nuestras metas.
La calidad de vida no depende directamente de lo que los demás piensen de nosotros o de lo que poseamos.
Más bien depende de cómo nos sentimos con nosotros mismos y con lo que nos sucede.
Para mejorar la vida hay que mejorar la calidad de la experiencia.
Los sucesos capaces de hacernos disfrutar ocurren cuando una persona no solamente ha cumplido
alguna expectativa anterior o satisfizo una necesidad o un deseo, sino también cuando ha ido más allá,
de lo que él o ella se habían programado hacer y logran algo inesperado, tal vez algo que nunca habían imaginado.
Los desafíos de la competición pueden estimular y agradar.
Pero cuando vencer al adversario tiene prioridad en la mente sobre hacerlo lo mejor posible, el disfrute tiende a desaparecer.
La competición sólo es agradable, cuando es un medio para perfeccionar las propias habilidades;
cuando llega a ser un fin en sí misma, deja de ser divertida.
CUANDO FLUYES
Te sientes totalmente concentrada. La mente no divaga, no piensas en otras cosas; estás totalmente involucrada en lo que haces.
“Te involucras tanto en lo que haces que no piensas en ti mismo como algo separado de la actividad que haces.
Eres lo que estás haciendo”.
“Son unos momentos en los que pierdo el contacto con el resto del mundo, estoy totalmente absorbida por lo que estoy haciendo”.
“La concentración es como respirar: nunca se piensa en ello. El techo podría caerse y, si no le cayese justo encima,
usted no se daría ni cuenta”.
“El baile es como una terapia. Si algo me preocupa, lo dejo fuera en la puerta al entrar en el estudio de baile”.
COMPETICIÓN
Las raíces de la palabra “competición” vienen del latín com petire, que significa “buscar juntos”.
Lo que cada persona busca es hacer efectivo su potencial, y esta tarea se realiza más fácilmente
cuando los demás nos fuerzan a hacerlo lo mejor que podamos.
Unhedonia: carencia de placer.
SOBRE EL YOGA
El texto básico del Yoga, recogido por Pantañjali hace mil quinientos años, prescribe ocho etapas de incremento en las habilidades.
Las primeras dos etapas de “preparación ética” se destinan a cambiar las actitudes de la persona.
Podríamos decir que tratan de “enderezar la conciencia”, intentan reducir la entropía psíquica.
En la práctica, el primer paso, YAMA, requiere que uno consiga la “limitación” de los actos
y de los pensamientos que pueden dañar a otros; la falsedad, el robo, la lujuria y la avaricia.
El segundo paso NIYAMA, implica “obediencia”, o sea seguir las normas y el orden en la limpieza,
el estudio y la obediencia a Dios, todo lo que ayuda a canalizar la atención en modelos predecibles
y que, por lo tanto, haga que la atención sea más fácil de controlar.
Las próximas dos etapas atañen a la preparación física, o el desarrollo de hábitos que permitirán al practicante
–o yogin- vencer las demandas de los sentidos y permitir concentrarse sin sentirse cansado o distraído.
La tercera etapa consiste en practicar las diversas ASANAS, maneras de “sentarse” o de mantener posturas
durante largos períodos sin sucumbir a la tensión o a la fatiga.
Esta es la etapa de yoga que todos conocemos en Occidente, ejemplificada por una persona que parece llevar pañales
y que se mantiene en equilibrio sobre su cabeza con sus piernas detrás del cuello. La cuarta etapa es PRANAYAMA,
o el control de la respiración, que se dirige a relajar el cuerpo y estabilizar el ritmo de la respiración.
La quinta etapa, el punto de inflexión entre los ejercicios preparatorios y la práctica auténtica del yoga,
se llama PRATYAHARA (el retraimiento). Implica aprender a retirar la atención de los objetos externos controlando
la entrada de los sentidos, llegando así a ser capaz de ver, oír y sentir únicamente lo que uno desea admitir en la conciencia.
DHARANA o “sostener”, es la capacidad para concentrarse durante períodos largos sobre un estímulo único, de modo que es la imagen
especular de la etapa anterior de PRATYAHARA; primero uno aprende a mantener las cosas fuera de la mente, y luego una aprende
a mantenerlas dentro. La meditación intensa, o DHYANA, es el paso siguiente. Aquí uno aprende a olvidarse de la personalidad
en una concentración continua que ya no necesita de los estímulos externos de la fase anterior. Finalmente el yogin puede lograr
el “samandhi”, la última etapa del “recogimiento de la personalidad”, cuando el meditador y el objeto de la meditación llegan
a ser uno solo. Quienes lo han logrado describen el “samandhi” como la experiencia más alegre de sus vidas.
NUNCA ES TARDE
Muchos empresarios con éxito deciden aprender a tocar el piano después de los cincuenta años.
LAS REGLAS DE LOS JUEGOS MENTALES
Demócrito tenía un carácter alegre y para él “el más alto bien, que llamaba alegría, y frecuentemente confianza,
es una mente desprovista de temor”. Disfrutó de la vida porque había aprendido a controlar su conciencia.
Frecuentemente pensamos que los filósofos son “despistados”, lo que, por supuesto, no significa que sus mentes
se hayan perdido, sino que se han alejado temporalmente de la realidad cotidiana para morar entre las formas simbólicas
de su dominio favorito de conocimientos.
Cuando Kant, supuestamente, puso su reloj en una olla de agua hirviendo mientras tenía en su mano un huevo
para saber cuánto tiempo tardaba en cocerse, toda su energía psíquica se empleó probablemente en traer armonía
a los pensamientos abstractos y no dejó atención libre para tratar con las demandas incidentales del mundo concreto.
AFICIONADOS Y PROFESIONALES
Amateur y diletante.
Hoy en día estas etiquetas son ligeramente despreciativas. Un amateur o un diletante es alguien no lo bastante diestro,
una persona que no debe ser tomada muy seriamente, alguien cuyo rendimiento no alcanza las normas profesionales.
Pero originalmente, “amateur”, proviene del verbo latino amare “amar” y se refiere a una persona que ama lo que hace.
De forma parecida “diletante”, del latino delectare, significa “encontrar delicia en”, era alguien que disfrutaba realizando
una actividad determinada. Los significados más antiguos de estas palabras, por lo tanto, atendían a las experiencias en lugar
de a las realizaciones; describían las gratificaciones subjetivas que obtenían los individuos al hacer las cosas, en vez de puntuar
lo bien o mal que las realizaban.
Francis Bacon comentó, citando un discurso del filósofo estoico Séneca:
“las cosas buenas que provienen de la prosperidad deben ser deseadas,
pero las cosas buenas que provienen de la adversidad deben ser admiradas”.
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