La psicología del dinero

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EJERCICIOS PRÁCTICOS PARA EL JUEGO DE LA RESONANCIA
Aquel que desee conseguir más dinero
y aumentar su sintonía al respecto
se le aconseja buscar aquellos lugares
donde el dinero se sienta como en casa.
El que quiera enriquecerse debe buscar lugares ricos
y dejar que los ámbitos dominantes ejerzan su efecto,
sumergiéndose de forma consciente en éstos.
Es indiferente si se trata de restaurantes, hoteles,
barcos u otros lugares igual de bonitos y caros.

 

 

 

 

 

El mayor obstáculo en el camino a una vida rica
es la consciencia de pobreza.
En un entorno rico esto se soluciona rápidamente,
porque allí obviamente se construirán
sintonías entre la gente rica.
Sin embargo,
es importante dejar bien claro que no se trata
de una relación causal sino sincrónica.
Así que de ninguna manera
se trata de correr detrás de algún rico
y apelar a su espíritu con ruegos,
sino sencillamente de estar presentes
en su entorno y permitir que la resonancia
que automáticamente se genere
se haga extensible a la propia vida.

 

 

LA CURVA DEL DINERO
La palabra “lujo” procede del término latino lux (luz).
Para que el lujo pueda aportar luz
a nuestra vida debe conocerse su polo opuesto.

 

 

El místico sufí de origen ruso armenio George Gurdjieff
comparó a la humanidad con un dormitorio,
donde todos duermen salvo unos pocos que entienden la situación.
Los que duermen sueñan y creen que están despiertos.
Únicamente aquellos que están despiertos reconocen
a los otros y ven que el resto está durmiendo.

 

 

Hazte las preguntas adecuadas en el momento oportuno.
Un franciscano vio cómo un jesuita que iba en su mismo
compartimento de tren que fumaba mientras leía su breviario.
Con cierta envidia por su parte,
le indicó que fumar estaba prohibido.
“Al contrario”, le replicó el jesuita,
“tengo el permiso del Santo Padre”.
Sorprendido, el franciscano se dirigió más tarde al Vaticano,
donde le confirmaron la prohibición de fumar
durante la lectura del breviario.
Cuando tuvo la ocasión se enfrentó furioso
al jesuita que respondió:

 

 

“Ah, discúlpame, olvidaba que eres franciscano y seguramente
has preguntado si puedes fumar mientras lees el breviario”.
¡Naturalmente!, replicó el franciscano.
¡Vaya, pues lo que tenías que haber preguntado
era si puedes leer el breviario mientras fumas!”

O empieza simplemente sin preguntar
y crea hechos en tu mente.
Siempre estás a tiempo de pedir disculpas…

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