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LOS 7 HÁBITOS DE LA GENTE ALTAMENTE EFECTIVA/ COVEY/ EDICIONES PAIDÓS
EL PODER DE UN PARADIGMA
En el sentido más general, es el modo en que “vemos” el mundo,
no en los términos de nuestro sentido de la vista, sino como percepción, comprensión, interpretación.
El modo en que vemos las cosas es la fuente del modo en que pensamos y del modo en que actuamos.




Todos tendemos a pensar que vemos las cosas como son, que somos objetivos. Pero no es así.
Vemos el mundo, no como es, sino como somos nosotros o como se nos ha condicionado para que lo veamos.
Cuando abrimos la boca para describir lo que vemos, en realidad nos describimos a nosotros mismos,
a nuestras percepciones, a nuestros paradigmas.




Podemos pasar semanas, meses, incluso años, trabajando y con la ética de la personalidad
para cambiar nuestras actitudes y conductas, sin siquiera empezar a aproximarnos al fenómeno del cambio
que se produce espontáneamente cuando vemos las cosas de modo diferente.




El principio de la calidad o la excelencia.
Los principios son verdades profundas, fundamentales, de aplicación universal.
Se aplican a los individuos, las familias, los matrimonios, a las organizaciones privadas y públicas de todo tipo.
Cuando esas verdades se internalizan como hábitos,
otorgan el poder de crear una amplia variedad de prácticas para abordar diferentes situaciones.
Los principios no son valores. Una pandilla de ladrones puede tener valores,
pero violan los principios fundamentales de los que estamos hablando.
Los principios son el territorio. Los valores son mapas.
Cuando valoramos los principios correctos, tenemos la verdad, un conocimiento de las cosas tal como son.
Los principios son directrices para la conducta humana que han demostrado tener un valor duradero, permanente.
Son fundamentales. Son esencialmente indiscutibles, porque son evidentes por sí mismos.




Para compensar mi deficiencia, extraje fuerza de mi posición y autoridad,
y la obligué a hacer lo que yo quería que hiciera.
Pero extraer fuerza genera debilidad. Debilita a quien toma esa fuerza porque refuerza la dependencia
respecto de factores externos para conseguir que las cosas se hagan.
Genera debilidad en la persona obligada a prestar su asentimiento,
impidiendo el desarrollo del razonamiento independiente, el crecimiento y la disciplina interna.
Y, finalmente, genera debilidad en la relación.
El miedo reemplaza a la cooperación, y las dos personas participantes
en el intercambio se vuelven más arbitrarias y defensivas.




Hay momentos para enseñar y momentos que no son para enseñar.
Cuando las relaciones son tensas y el aire está cargado emocionalmente,
el intento de enseñar se percibe a menudo como una forma de juicio y rechazo.




Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito.
Siembra un hábito, cosecha un carácter, siembra un carácter, cosecha un destino.




El hábito es una intersección de conocimiento, capacidad y deseo.
El conocimiento es el paradigma teórico, el qué hacer y el por qué, la capacidad es el cómo hacer.
Y el deseo es la motivación, el querer hacer. Para convertir algo en un hábito de nuestra vida,
necesitamos esos tres elementos.




Pero saber que necesito escuchar y saber cómo escuchar no basta. A menos que quiera escuchar,
a menos que tenga ese deseo, no se convertirá en un hábito de mi vida.
Para crear un hábito hay que trabajar en esas tres dimensiones.

El concepto de interdependencia es mucho más maduro, más avanzado.
Si soy físicamente interdependiente, soy capaz y dependo de mí mismo,
pero también comprendo que tú y yo trabajando juntos podemos lograr mucho más
de lo que puedo lograr yo solo,
incluso en el mejor de los casos. Si soy emocionalmente interdependiente,
obtengo dentro de mí mismo una gran sensación de valía,
pero también reconozco mi necesidad de amor, de darlo y recibirlo.
Si soy intelectualmente interdependiente, comprendo que necesito
mis propios pensamientos con los mejores pensamientos de otras personas.
La interdependencia es una elección que sólo está al alcance de las personas interdependientes.
Las personas dependientes no pueden optar por ser interdependientes.
No tienen el carácter necesario para hacerlo, no son lo bastante dueñas de sí mismas.




El hemisferio izquierdo es más lógico y verbal y el derecho es más intuitivo y creativo.
El izquierdo trata con palabras, el derecho, con imágenes; el izquierdo, con partes y detalles,
el derecho con totalidades y con la relación entre las partes.
El izquierdo analiza, lo que supone dividir y fragmentar; el derecho sintetiza, lo que significa unir.
El izquierdo piensa secuencialmente; el derecho piensa de modo simultáneo y holístico.
El izquierdo está ligado al tiempo, el derecho está exento de tiempo.




Tiene que desarrollar esa capacidad para la escucha empática, basada en el carácter,
que suscita apertura y confianza.
Y tiene también que crear la cuenta bancaria emocional que genera un comercio entre los corazones.
Escuchar empáticamente quiere decir escuchar con la intención de comprender.




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