Todos tenemos una cruz clavada en nuestro cuerpo
o varias que han hecho que de repente
demos un vuelco a nuestra vida inesperado.
A mí lo que mas me preparó para ese vuelco
no fue la ausencia de mi padre,
sino todo el proceso degenerativo que le iba produciendo
su enfermedad y que yo vivía a cámara lenta.
Tienes una ventaja entre comillas que algunos no tienen.
No puedes imaginar nada, porque todo el tiempo estás viendo una realidad
que hace que en lugar de imaginar planifiques tus minutos.
Primero para no caerte, después para aguantar.
Y cuando llega el final planificas el nuevo rumbo de tu vida en pedazos.
Pero también es cierto que hay muchas maneras de vivir el dolor.
Y que en eso por suerte también podemos elegir cómo lo vamos a vivir.
Hasta la desgracia más grande trae consigo una lección si tú lo deseas.
El hospital me hizo fijarme en cosas que de no estar allí
nunca voluntariamente me hubiera parado con tal de evitarme el mal trago.
No es agradable ver cómo sufre otro,
pero sí que lo es ver cómo recoge sus pedazos
y se levanta para poder continuar.
Tenemos más fuerza de lo que creemos
y la vida a veces nos pone a prueba.
Somos más buena gente de lo que creemos.
Defendemos lo nuestro.
Y en casos extremos lo tuyo es mío y lo mío es tuyo.
Aunque nuestros nombres correspondan a una habitación.
Te cambia la vida y se te pone una sonrisa cuando
de repente ves a un terminal
que sabe mejor que tú que le quedan horas y las aprovecha
animando a sus familiares y amigos para que no decaigan.
El apoyo de unos y otros, la entrega de cada uno de ellos.
Como las cosas que antes tenían valor dejan paso
a las que ni siquiera sabíamos que existían.
Una frase que produce una sonrisa.
Y la sonrisa del paciente que rebota como si fuera el premio del día.
Lo bueno también se saborea lentamente
, porque no sabes cuándo vas a vivir otro momento que te de placer.
El silencio cobra mucho más valor.
Y a veces tienes momentos en los que tu mente se queda en blanco.
No piensas en nada. Sólo disfrutas del instante.
No sé si es el dolor o el agotamiento, pero sucede. O el aprendizaje.
Cuando alguien es consciente de que le quedan días,
te da muchas lecciones de cómo vive esos días
y si no los vive mejor es porque su salud no se lo permite.
Pero a nivel mental todos los pensamientos cambian.
La actitud cambia.
No podemos permitir que nos llegue esa iluminación
cuando estemos a punto de morir.
Tenemos que cambiarla ya. Ahora.
Estoy convencida de que la mayoría de gente que vi en esa planta,
si tuviera una segunda oportunidad, estaría todo el día entusiasmada.
Cambia tu manera de pensar, empieza a cambiar tu actitud.
Coge las riendas de tu vida.
Enamórate de ti y disfruta de los tickets de minutos que te queden,
pero no lo aplaces más tiempo.
Empieza ahora.
Planifícate.