SEDA/ ALESSANDRO BARICCO/EDITORIAL ANAGRAMA

No es una novela, ni siquiera un cuento. Esta es una historia.
Empieza con un hombre que atraviesa el mundo,
y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento.
Todas las historias tienen una música propia.
Ésta tiene una música blanca.
Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña,
a veces te desconcierta:
se ejecuta suavemente y se baila lentamente.
Cuando la tocan bien es como oír el silencio
y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles.

