TU VALES MÁS DE LO QUE PIENSAS/ MATTHEW MCKAYNEIL / EDICIONES ROBINBOOK

EL EJERCICIO DE LOS CINCO DEDOS
Respira profundamente unas cuantas veces.
A medida que te relajas, toma conciencia de tu mano dominante.
Este ejercicio se llama “de los cinco dedos”,
aunque en realidad se trata de la relación
que hay entre tus cuatro dedos y el pulgar.
Mientras lo haces, piensa en tu pasado,
en algún momento en el que te sentiste realmente amado y cuidado.
Quizá sea aquella vez que te dolía mucho el estómago
y tu padre estuvo cuidando muy bien de ti.
¿Y por qué no aquella vez en que tus amigos te organizaron
una gran fiesta de cumpleaños?
Cualquier ocasión servirá,
tanto si se trata de un gran acontecimiento como de un pequeño momento.
A continuación, toca el dedo corazón con el pulgar.
Piensa en algún momento en que sintieras que habías conseguido un gran éxito.
¿Fue cuando te graduaste en el instituto?
¿Cuándo conseguiste aquel trabajo o aquel ascenso?
Quizá fue cuando nacieron tus hijos.
Al igual que antes, cualquier ocasión servirá,
siempre que te infunda un intenso recuerdo de la sensación de éxito.
Toca el dedo anular con el pulgar y recuerda alguna ocasión
en la que hicieras algo importante por otra persona.
Tal vez cuando cuidaste de tu vecino enfermo
o cuando hiciste de canguro.
Puede tratarse de cualquier momento de generosidad
que fuese importante para ti.
Por último, toca el meñique con el pulgar y busca el recuerdo
de haber amado a otra persona.
Piensa en tu pasado, en un momento en que sintieras un fuerte
amor hacia alguien y aquel sentimiento llenara todo tu corazón.
QUE BELLO ES VIVIR
Ahora mismo, confecciona una lista con todas las personas
en las que has influido de una u otra manera durante tu vida (presente y pasada).
Anota desde familiares cercanos hasta alguien a quien ayudaste
con las matemáticas; desde tu mejor amigo hasta el guardia
de seguridad que saludas en el trabajo.
Escribe todos los nombres que te vengan a la cabeza.
Al lado de cada nombre, enumera una o más formas
en las que has dado algo positivo a esa persona.
No importa si ha sido algo grande o pequeño,
ayer mismo o hace más de cuarenta años.
Ni siquiera es relevante que ellos lo hayan reconocido
o se acuerden de ello. Lo importante es que tú lo recuerdas.
ANCLARSE EN LOS BUENOS TIEMPOS
Existe Una técnica que recibe el nombre de ANCLAJE
y se puede utilizar para combatir sentimientos desagradables.
El anclaje te ayuda a experimentar de nuevo momentos
en los que te sentiste seguro y a gusto contigo mismo.
Un ancla es un estímulo que evoca sentimientos que proceden
de determinados acontecimientos del pasado.
Por ejemplo, si piensas en el amor y la protección
que te daba tu abuela cada vez que comes galletas caseras
recién hechas, entonces para ti las galletas caseras son una ancla.
Las galletas funcionan como estímulo, y los sentimientos de amor
y seguridad son la respuesta consecuente.
Desde luego muchas de tus anclas son involuntarias,
pero puedes crear unas cuantas voluntariamente
para utilizarlas en provecho propio.
Todo lo que tienes que hacer es tocarte en la muñeca
para recordar un ancla positiva que hayas creado.
Siéntate en una postura cómoda y en un lugar donde nadie te moleste.
Respira profundamente.
Vuelve atrás en el tiempo. Imagina un momento en el que te sentiste
especialmente seguro o en el que obtuviste algún éxito.
Toma conciencia de todo lo que había en aquel lugar:
las vistas, los sonidos, los sabores, los olores, las sensaciones.
Observa qué aspecto tenías y que aspecto tenían los demás.
Escucha la seguridad en tu voz; escucha los elogios que los demás te dedican.
Siente la seguridad y la aceptación personal de aquel momento.
Cuando las imágenes sean lo bastante claras como para transmitirte
esa seguridad, tócate la muñeca izquierda con la mano derecha.
Tócala con firmeza y en un punto determinado
que puedas recordar con facilidad.
Estás anclando tus sentimientos a ese contacto en la muñeca y,
más adelante, lo duplicarás con exactitud.
Repite esta misma secuencia con otros cuatro recuerdos o escenas
imaginarias que estén relacionados con sentimientos
de seguridad y valía personal.
Cuando tu imagen mental haya creado un fuerte sentimiento
de valía personal, tócate la muñeca exactamente igual que antes.
Una vez te hayas anclado en tus propios buenos tiempos,
podrás tocarte la muñeca cada vez que te veas en la necesidad
de luchar contra un sentimiento negativo. Las escenas imaginarias
o los recuerdos positivos son recursos a los que puedes acudir
siempre que lo necesites.
Ahora ya puedes combatir imágenes y sentimientos negativos
con un contacto que te ancla a algunos bellos momentos de tu vida.
LA VISUALIZACIÓN DEL TESORO ESCONDIDO
Imagina que paseas por un amplio campo cubierto de hierba dorada.
Hace un buen día, el sol te acaricia los hombros y escuchas
el murmullo de la cálida brisa entre los campos de oro.
Un pájaro levanta el vuelo desde la hierba y se eleva
hacia el cielo con un trino melódico.
Te encaminas por un estrecho sendero que lleva
a las lindes de un frondoso bosque.
Al pisar, notas la tierra rica y mullida bajo tus pies.
En ese bosque de un verde profundo se siente un frescor agradable.
El sol se filtra a través de las copas de loa árboles,
y a veces irrumpe en forma de rayos dorados
que caen sobre tu rostro y lo calientan.
Cruzas un arrollo claro y borboteante.
Levantas la vista y ves una hondonada frente a ti,
está recubierta de musgo suave y de color verde claro.
Un rayo de sol ilumina el lugar y resplandece
sobre un pequeño cofre dorado que descansa sobre la hierba.
Te arrodillas en el musgo suave y seco, y abres el cofre.
Dentro encontrarás un símbolo,
algo que te hará recordar tu valía personal.
Puede que sea sólo una cosa o que se trate de un conjunto de objetos.
A lo mejor es un trozo de pergamino con algo escrito en él;
tal vez sea un anillo o una colección de monedas.
CARTAS A TU PROGENITOR CRÍTICO
Es posible que puedas encontrar el origen de tus batallas
con la autoestima en un padre o una madre
especialmente crítico, irascible o negligente.
Si tienes sentimientos de ira o decepción que nunca
pudiste expresar de manera adecuada a tu padre o a tu madre,
este ejercicio puede resultarte de gran ayuda.
Te permitirá expresar todos esos sentimientos que nunca
antes comunicaste, y además te ayudará
a ponerte en el lugar de tus padres. En cierta medida,
te ofrecerá la posibilidad de “reeducarte” mediante la escritura.
Vas a escribir tres cartas: la primera dirigida a tu progenitor crítico,
la segunda en el papel de tu progenitor crítico y la tercera
como el progenitor que te habría gustado tener.
Para comenzar, escribe una carta al progenitor que te decepcionó.
En esta primera carta, cuéntale a tu progenitor qué era
lo que necesitabas y cómo te sentiste al no recibirlo.
Tu segunda carta estará redactada en la voz de tu progenitor.
¿Cómo respondería a lo que has escrito?
¿Estaría a la defensiva, contestaría enfadado?
¿Haría un esfuerzo por aceptar tus sentimientos?
Utiliza tu imaginación y tu poder de empatía para ponerte en el lugar
de tu progenitor y escribir una respuesta en su nombre.
La última carta tendrá la voz del progenitor
que te hubiese gustado tener, el progenitor que necesitabas.
En esta carta y a través de tu progenitor ideal,
te recordarás que merecías obtener lo que necesitabas de niño.
Fuera cual fuese el motivo que impedía a tu padre o a tu madre
darte lo que necesitabas era problema suyo,
y su origen no tuvo nada que ver con tu valía personal.
COMPASIÓN POR ALGUIEN A QUIEN HAS HERIDO
Soy un ser humano, igual que tú.
Ambos no hacemos más que intentar sobrevivir.
Cuando te hice daño, quería hacer lo que en aquel momento me pareció mejor.
Si hubieses tenido entonces la conciencia de las cosas que tengo ahora,
habría elegido actuar de otro modo.
Sin embargo, en aquella ocasión tan sólo podía hacer lo que hice.
Entiendo que te causé daño, y quiero que sepas que ése no era mi objetivo.
Por favor, acepta el hecho de que te herí y que nada va a cambiar eso.
Si estuviese en mis manos, desharía lo ocurrido;
pero no puedo. Ahora ya nada puede cambiar el pesado.
Por favor, perdóname.
No te pido que apruebes mi actuación ni que estés de acuerdo conmigo,
sólo te pido que me perdones.
Quiero que nuestras diferencias sean algo del pasado,
pasar página y comenzar de nuevo.
Por favor, ábreme tu corazón: comprende, acepta y perdona.
ES ESCUCHAR CON COMPASIÓN
Escucha de verdad cuando los demás le hablan.
Al escuchar con atención, intentando comprender a la otra persona,
sentirás como brota y se expande tu compasión por los demás y por ti mismo.
En primer lugar, practica este ejercicio con un amigo.
Dile que quieres mejorar tu capacidad de escucha
y pídele que te cuente una historia.
Su relato debería narrar un momento importante de su vida:
un trauma del pasado,
un feliz recuerdo de la infancia o una esperanza de futuro.
Mientras tu amigo te habla,
tu tarea consiste en escuchar con mucha atención
y formular preguntas sobre los puntos que no entiendas.
Pídele a tu amigo que aclare algún momento o que lo desarrolle
con más detalle, y anímale a que te explique qué pensaba
y cómo se sentía en aquella ocasión.
¿Por qué fue tan importante para ti?
¿Cómo te hizo sentir eso?
¿Qué aprendiste de aquella experiencia?
lo que oyes: “Dicho de otra modo, tú”.
Es algo importante porque te ayudará a deshacerte
de interpretaciones erróneas que corrija tu percepción
de la historia e incorpora esos cambios a tu paráfrasis.
De esta forma sabrás que has escuchado de manera activa,
y tu amigo se sentirá escuchado.
PRACTICAR UNA ESCUCHA COMPASIVA CON CONOCIDOS
Escoge a personas a quienes no conozcas demasiado bien
y practica con ellos la escucha empática sin que se den cuenta.
Sea lo que sea de lo que te hablen, pide que te aclaren algo
o que se extiendan en algún punto.
Resiste la tentación de interrumpir y empezar
a contar una historia tuya.
Intenta darte cuenta de cuándo emites juicios
sobre esa persona y déjalos de lado.
No tienes por qué querer a esa persona;
limítate a comprender lo que te explican
sin que se entrometa ningún juicio.
Parafrasear lo que se dice es incluso más importante
con un conocido que con un amigo.
Llegas a conocer de forma más profunda una historia
totalmente ajena y desconocida y la otra persona
siente que la estás escuchando.
Al escuchar de forma activa, pueden surgir en la conversación opiniones
y sentimientos verdaderos, ya que la otra persona siente
que eres un interlocutor atento e interesado.
Si practicas este ejercicio bastante a menudo,
es posible que simples conocidos se conviertan en amigos.
El último paso es practicar el ejercicio con completos desconocidos.
En una fiesta, o en una reunión, escoge a alguien a quien no conoces,
o incluso a alguien a quien sí conoces pero que no te agrada.
Empieza a conversar con esa persona y utiliza tus técnicas
de escucha activa para comprender lo que tenga que decir.
Recuerda que debes escuchar con atención,
evitar cualquier tipo de juicio y parafrasear con tus propias palabras.
Cuando estás escuchando a alguien que no te gusta, es muy importante
recordar el principio básico de la compasión:
todas las personas intentan sobrevivir, igual que tú.
Formúlate las tres preguntas que te llevaron a sentir una respuesta
compasiva con otra persona:
¿Qué necesidad intenta satisfacer al decir esto?
¿Por qué le hace sentirse mejor consigo mismo?
¿Qué creencias le están influyendo?
Escribe una afirmación cada mañana.
Escoge algo de lo que te sientas orgulloso,
algo que creas cierto sobre tu persona.
Ten en mente esa afirmación durante el resto del día
utilizando una señal que te ayude a recordarla.
Por ejemplo, puedes cambiarte el reloj de muñeca cada día.
Cuando mires la hora te acordarás de que debes utilizar la afirmación.
Al convertir las afirmaciones en parte de la vida cotidiana,
podrás continuar reforzando tu autoestima.
La integración activa transforma tus puntos fuertes
y tus cualidades positivas, partiendo de unas cuantas palabras,
en recuerdos concretos.
Te ayuda a creer que esas cualidades positivas son aplicables a tu persona.
Intenta recordar como mínimo tres ejemplos del pasado
que demuestren la fortaleza o la afirmación que has destacado ese día
y escríbelos en un cuaderno o un diario.
De forma periódica, repasa las anotaciones del diario para recordar
que todas tus cualidades positivas se reflejan en la vida real.
Aquí están los primeros tres días del diario de un auxiliar de farmacia.
Afirmación positiva/ punto fuerte:
1 Trabajo bien con las manos
2 Se me da bien hacer amigos.
3 Soy cuidadoso con los sentimientos de los demás.
EJEMPLOS:
1 Construí la estructura de la cama de Susan
(además de los maceteros de su jardín).
2 Lo sencillo que fue conversar con Keith en el concierto.
3 No dije nada cuando a Bill se le cayó el batido en mi coche.
MÍRATE CON HONESTIDAD
Traza una línea que divida a lo largo de una hoja
de papel por la mitad.
A la columna de la izquierda ponle el título
de “Debilidades” y a la columna de la derecha Puntos fuertes.
Puedes estructurar tu exploración pasando por estas
siete áreas esenciales de la vida:
Tareas cotidianas.
Rendimiento en el trabajo.
Funcionamiento mental.
Personalidad.
Aspecto físico.
Relación con los demás.
Vida amorosa y sexual.
Comienza por redactar una lista en la columna de la izquierda
con todas las debilidades que encuentres en estas siete áreas de la vida.
A continuación, utiliza esas siete áreas para construir
en la derecha una lista con todos tus rasgos
positivos y tus buenas cualidades.
Piensa en las cosas de las que te sientes orgulloso,
las ocasiones en las que has cosechado éxitos
o has recibido alabanzas.
Piensa en tu talento, en todo lo que has llegado a dominar,
las situaciones que has superado.
Cuenta los premios, trofeos y buenas notas entre tus éxitos.
Si la lista no tiene al menos 40 entradas,
continúa trabajando en ella hasta
que llegues como mínimo a ese número.
A mucha gente no le gusta enumerar sus cualidades positivas
porque le parece presuntuoso.
Tienen la sensación de que serán castigados de alguna forma
por haber tenido el atrevimiento de enaltecer sus puntos fuertes.
No dejes que los viejos hábitos de modestia
y miedo al ridículo te detengan.
Se trata de confeccionar un inventario honesto de puntos fuertes y debilidades.
No es justo para ti, ni tampoco útil para este proceso,
que redactes una diligente lista de tus defectos
si no consigues investigar minuciosamente
tus puntos fuertes y tus cualidades positivas.
DECIR TODA LA VERDAD
Utilizar un lenguaje veraz para describir tus debilidades
te ayudará a proteger tu autoestima.
El lenguaje veraz es preciso en lugar de exagerado,
y comprometerse con la precisión implica
remplazar unos términos por otros.
En lugar de catalogarte como sexualmente pasivo,
utiliza una descripción que se ajuste más a la realidad,
como precavido en cuanto a iniciar un contacto
sin previas señales de interés.
Más que disperso, podrías ser alguien que se distrae
con facilidad por cualquier cosa interesante.
Fíjate en que el lenguaje veraz suele ser menos violento y dañino.
Se centra en los detalles específicos en lugar de generalizar.
Es muy poco frecuente escuchar una descripción que sea fiel
a la realidad y en la que aparezcan palabras como TODO,
siempre, nunca, nadie, todo el mundo, etc.
El ser específico implica determinar en qué momentos
y en qué situaciones en concreto aparece una debilidad;
ese defecto se convierte así en algo limitado y particular.
En lugar de un desastre en las labores de casa,
puedes ser una persona que limpia una vez
a la semana pero que nunca recoge.
Más que completamente desmotivado, podrías expresar de forma
más concreta que escribiste dos relatos
y el esbozo de una novela el año pasado,
aunque no alcanzaste a escribir todo lo que te habías propuesto.
En vez de perderlo todo, a lo mejor pierdes las llaves
y algún cuaderno de vez en cuando.
DESCUBRE LA VERDAD OLVIDADA
Voltaire dijo una vez: La historia de la opinión del hombre
es poco más que la historia de los errores de la humanidad.
Eso tiene una explicación. Gran parte de nuestras opiniones
(en especial las que se dirigen a nosotros mismos)
se forman cuando somos jóvenes.
Después pasamos toda la vida recopilando pruebas
que apoyen nuestras creencias esenciales
y desoímos todo cuanto diga lo contrario.
Esta tendencia recibe el nombre de parcialidad confirmatoria,
y debido a ella nuestras creencias rara vez cambian o evolucionan.
Sólo prestamos atención a aquello que esperamos ver,
y avanzamos por la vida con una venda psicológica en los ojos.
Debemos darnos cuenta de que la autoestima se ve muy afectada
por la parcialidad confirmatoria.
Esto es debido a que las ideas negativas sobre tu persona
no cambian porque te limitas a observar el lado negativo
de tu experiencia y no contemplas el positivo.
Siempre recuerdas los fracasos, los errores,
los momentos desagradables y dolorosos;
te olvidas de las alabanzas, las metas alcanzadas,
el buen trabajo y el aprecio de tus seres queridos.
Ha llegado la hora de desvelar esa realidad
que siempre has ignorado sobre ti mismo.
Puedes contrarrestar los efectos de la parcialidad confirmatoria
buscando de forma activa pruebas en contra de tus antiguas
creencias negativas sobre tu valía personal.
En la parte de arriba de una hoja de papel,
escribe una opinión negativa que tengas sobre ti
que tengas muy arraigada (soy estúpido, soy antipático,
soy aburrido, soy incompetente).
A continuación, busca por cada década de tu vida
(de los 0 a los 10 años, de los 11 a los 20, de los 21 a los 30, etc.)
todos los recuerdos que conserves que contradigan esa creencia.
Revisa todos tus recuerdos.
Piensa en personas, en ocasiones y en lugares
en los que te sucedieron cosas agradables.
Continúa haciendo una lista de todo
lo que se te ocurre para cada década.
Cuando hayas acabado, escribe de nuevo esa creencia esencial
pero de forma que refleje la verdad sobre ti mismo que antes no podías ver.
VISUALIZA UN YO SEGURO
La mayoría de la gente evita ciertas situaciones porque
les hacen sentirse mal consigo mismos.
Aún así, muchas de esas situaciones violentas son necesarias.
Si en tu vida hay circunstancias que te hacen sentir incómodo,
la siguiente visualización te ayudará a vislumbrar un yo más seguro,
un importante primer paso para convertirte en la persona
segura de sí misma que te gustaría ser.
Piensa en diferentes ámbitos de tu vida: el hogar, el trabajo,
la vida amorosa, los amigos, etcetera.
Por cada ámbito, escoge una situación en la que te sentirías violento,
inseguro o avergonzado.
Siéntate o túmbate en un lugar donde nadie te moleste.
Cierra los ojos y respira profundamente.
Relaja todos los músculos del cuerpo: los músculos de la cara,
del cuello, de los hombros, del pecho,
del estómago, de la pelvis y de las piernas.
Ahora imagina esa situación que te provoca incomodidad.
Fíjate en todo lo que te rodea, qué aspecto tienen las cosas.
¿A qué huele? ¿Qué se oye? ¿Cómo son las personas que ves allí?
¿Qué aspecto tienes tú? ¿Cómo reacciona la gente ante ti?
Respira profundamente y repite:
Estoy tranquilo y me siento seguro.
Tengo legítimo a estar aquí y a ser yo mismo.
Continúa imaginándote en la situación que has escogido
y céntrate en tu postura. Imagínate de pie, o sentado,
pero erguido, alto, orgulloso. Tienes la espalda recta,
los hombros hacia atrás y una sonrisa
de seguridad en el rostro. Piensa:
Soy una valiosa parte de este encuentro.
Estoy seguro de estar en el lugar adecuado.
Date cuenta de que, cuando te sumas a la conversación,
todos responden de forma positiva,
afirman con la cabeza y te sonríen.
Se alegran de que estés ahí y respetan tu opinión.
Ahora imagina que dices o haces algo un poco más arriesgado,
algo que pueda provocar una reacción negativa.
Todas las personas que se encuentran en la sala se detienen
a considerar un momento lo que has dicho o hecho
y luego hacen gestos de aprobación con la cabeza mientras,
poco a poco se les dibuja una sonrisa en la cara.
Respira profundamente y di:
Tengo éxito en esta situación.
Imagínate aún más erguido que antes y con una sonrisa más ancha.
Ya te sientes como en casa.
VALORES SANOS CONTRA VALORES INSANOS
La mayoría de las creencias se forman como respuesta a alguna necesidad
básica del ser humano; la necesidad de ser aceptado, amado,
consolado o sustentado.
Tus primeras creencias nacieron de la necesidad
de que tus padres te aceptaran.
Para conseguir sentirte seguro y protegido,
adoptaste las creencias de tus padres sobre el trabajo;
cómo canalizar a la ira, los errores y el dolor;
de lo que se puede y no se puede hablar;
cuáles son las metas correctas que debe uno marcarse en la vida;
qué se les debe a los padres y demás miembros de la familia;
y hasta qué punto una persona debería ser independiente.
Muchas de estas creencias fueron probablemente infundidas
mediante palabras con mucha carga de significado
como “compromiso”, inteligencia o fuerza.
Tus padres te dirigían esas palabras ( o sus opuestos negativos)
a ti o a otras personas que cumplían o incumplían ciertas normas específicas.
Debido a la necesidad de complacer a tus padres,
tendías a aceptar su opinión respecto a los demás,
y en especial su visión y consecuentes juicios sobre ti.
Un segundo grupo de creencias procede de la necesidad de sentirte
parte de un grupo o de recibir la aprobación de los demás.
Para asegurarte de que consigues la aceptación que necesitas,
aprendes a vivir según las reglas y las creencias del grupo al que perteneces;
reglas acerca de cómo comportarte con tu pareja amorosa,
cómo hacer frente a las agresiones y la ira,
cuánto revelar de ti mismo, cuál es la actitud adecuada frente al sexo.
La tercera fuerza mayor que ayuda a conformar tus creencias
es la necesidad de alcanzar el bienestar físico y emocional.
Aquí se agrupan unas necesidades entre las que se
encuentra la necesidad de tener una buena autoestima;
la necesidad de protegerte del daño y la pérdida;
la necesidad de encontrar placer, sentimientos o significado;
y la necesidad de sentirte físicamente seguro.
Esas son algunas de las necesidades que te ayudaron a formar las creencias,
los valores y los debería por los que riges tu vida.
Sin embargo, es posible que a veces te encuentres funcionando
según creencias que ya no se ajustan a la vida que llevas en este momento.
Puede que te estés limitando con unas creencias que ya no existen
( como la necesidad de recibir la protección de tus padres).
Esas reglas y creencias ya no son apropiadas
y pueden dañar tu sentimiento de valía personal.
CAUSA Y EFECTO EN LA AUTOESTIMA
La clave para levantar tu autoestima es en realidad muy simple;
cambiar la forma que te sientes contigo mismo cambiando la forma
en la que piensas sobre ti mismo.
Que sea simple no significa que sea fácil y rápido.
No se pueden cambiar los hábitos de pensamiento de toda una vida
en el tiempo que se tarda en leer esta página.
Pero puedes ponerte manos a la obra de inmediato.
LA VISUALIZACIÓN DE LAS METAS
Marcarte metas y alcanzarlas puede significar
una gran estímulo para la autoestima.
La visualización es una de las armas más poderosas para clarificar
cuáles son tus metas y crear expectativas de alcanzarlas.
Puedes redefinir tu imagen y llevar a cabo importantes cambios
en tu vida mediante pasos tan sencillos como dejar que tu cuerpo se relaje,
eliminar cualquier tipo de distracción de tu mente e imaginar escenas positivas.
Empieza por algo muy simple: escoge todas esas metas de la vida diaria
que no has alcanzado y con las que sueles castigarte,
como hacer un mínimo de deporte cada semana,
organizar todas las facturas, escribir alguna carta importante, etc.
Esto resulta mucho más efectivo que visualizarte saliendo victorioso
de una hazaña grandiosa o ganando dinero a mares dentro de veinte años.
Por ejemplo, supón que tu meta es levantarte por la mañana
habiendo descansado bien toda la noche
y llegar puntual al trabajo todos los días.
Siéntate o túmbate en un lugar tranquilo.
Cuando hayas alcanzado un estado mental lo bastante sugestionable,
imagina la siguiente escena:
Te metes en la cama a una hora razonable la noche anterior,
tal vez lees un rato y el sueño te arrastra poco a poco.
Luego suena el despertador.
Has descansado bien y lo apagas del todo, evitando la tentación
de hacer que suene dentro de otros cinco minutos.
Enseguida te levantas de la cama,
estiras los brazos por encima de la cabeza para desperezarte,
y expirar profundamente una vez.
Haz todo lo que haces todos los días.
Imagina que te duchas y tómate tu tiempo para sentir
lo estimulante que es el agua. Sales de la ducha,
te secas y te vistes con la ropa más cómoda que tengas
para ir a trabajar, telas finas de algodón,
calcetines tupidos y tu jersey favorito.
Después de haberte vestido te preparas un desayuno saludable.
Por último coges el maletín o la bolsa,
que ya habías dejado preparado la noche anterior,
y sales de casa con tiempo de sobra para llegar puntual
adonde sea que te dirijas.
Imagina que el coche arranca a la primera,
o que tomas el primer autobús en lugar del último,
con el que normalmente llegas al otro lado
de la ciudad unos cinco minutos tarde.
A lo largo de todas las escenas,
añade detalles que reflejen tu estado de relajación,
tranquilidad y eficiencia.
Por ejemplo, busca las llaves y encuéntralas en el lugar exacto
donde las dejaste al llegar a casa la noche anterior.
Piensa soy organizado y puntual.
Incluso puedes inventarte un par de obstáculos,
como que suene el teléfono o que el repartidor del periódico
venga a cobrar la cuota del mes.
Visualiza cómo acabas pronto con la conversación telefónica
o cómo le haces enseguida el cheque al chico de los periódicos.
Piensa, puedo mantener la calma,
seguir centrado y conseguir llegar a tiempo a la oficina.
Visualiza los resultados positivos que tiene
el llegar pronto a la oficina.
Aún tienes tiempo de tomar una taza de café o de té,
sentarte y organizar el resto del día.
Tus compañeros de trabajo se sienten bien contigo y se acercan
a hacerte alguna pregunta sin preocuparse de si
te están causando estrés.
¡Has empezado el día de maravilla!
Antes de dejar esta escena, di para tus adentros que realizarás
esta secuencia desde esta misma noche,
cuando llegues a casa.
A continuación, cuando estés preparado,
respira profundamente y abre los ojos.
Intenta imaginar escenas utilizando esta misma progresión.
A lo mejor termina el plazo que tienes para entregar algo,
debes archivar unos documentos o has enviado una solicitud
a un trabajo que te gustaría conseguir.
Recuerda que al principio tus metas deben ser sencillas y a corto plazo.
El empuje que reciba tu autoestima al conseguir estas pequeñas metas
te aportará la confianza necesaria para marcarte
y conseguir metas mayores, a más largo plazo.
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